Atropello de animales: máximo riesgo

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  • A 80 km/h se podría detener el vehículo con seguridad, a 100 km/h no dará tiempo

Un oso por las calles de Ventanueva (Asturias). Un corzo correteando por el centro de Valladolid. Cabras en una plaza de Chinchilla, en Albacete. Jabalíes en calles de Barcelona o Madrid. La fauna silvestre ha recolonizado zonas urbanas durante estos meses de confinamiento. Carlos Pulido, jefe local de Tráfico de Lanzarote, ingeniero de Montes y autor del informe “Accidentes producidos por la presencia de animales de gran tamaño en la calzada”, no cree que cause mayores problemas en zonas urbanas, una vez retomemos la actividad, pero sí en zonas rurales, donde puede producirse un incremento de la siniestralidad por atropello: “Son muchos meses sin apenas circulación de vehículos y se han acostumbrado a campar libremente por todo el territorio”.

A esta situación se suma que durante los últimos dos años se ha producido un incremento de atropellos a jabalí (un 47% más). Según un informe del Centro de Estudios Ponle Freno-Axa, que ha analizado datos recogidos entre el 1 de noviembre de 2017 y el 31 de octubre de 2019, el jabalí ha duplicado ahora su diferencia respecto al perro y al corzo, que ocupan el segundo y tercer puesto, respectivamente. Galicia es la Comunidad Autónoma con mayor número de accidentes con jabalíes, y donde más han aumentado (un 67% más).

Muy peligroso

El RACE ha realizado una investigación en profundidad de este tipo de accidentes analizando los producidos entre 2015 y 2018; realizando una encuesta a más de 1.300 conductores y una prueba de impacto para mostrar las consecuencias .

Ante la inminencia del atropello a un animal podemos: chocar frontalmente contra él o esquivarlo. Para Jorge Castellanos, jefe de Seguridad Vial Institucional del RACE lo instintivo es intentar evitar el atropello contra un ser vivo. Pero esta reacción puede provocar “una invasión del carril contrario y un choque frontal contra otro vehículo; una salida de vía, con la posibilidad de impactar contra objetos rígidos, como árboles o rocas; o un vuelco”. Al preguntar a los conductores sobre el tipo de percance sufrido debido a la presencia de un animal en la vía, la encuesta del RACE mostró que en un 73% de las ocasiones se realizó una frenada de emergencia, en un 50% un volantazo y en un 24% se llegó a invadir el carril contrario. La mejor forma de actuar, aunque es una situación muy complicada, es “intentar no dar un volantazo, mantenerse en el carril sin hacer movimientos bruscos y frenar a fondo para llegar al impacto a la menor velocidad posible”.

Qué debemos hacer

Existen dos peligros cuando encontramos un animal: intentar esquivarlo mediante un volantazo o chocar directamente contra él. ¿Qué debemos hacer? En esta infografía se lo explicamos.


Volcó al esquivar un perro

Ana Barrio tuvo un accidente hace 12 años cuando, al circular por autovía, esquivó a un perro que caminaba hacia ella por el centro de la calzada. Perdió el control del vehículo al dar un volantazo y una vuelta de campana. Viajaba con su hijo de 7 meses. Por suerte no circulaba a 120 km/h, sino a 90. Se rompió el codo por varios sitios, tuvieron que operarla tres veces y someterse a una rehabilitación de 9 meses. Su bebé resultó ileso. Recuerda, que al ser atendida en la ambulancia no hacía más que repetir “qué mala suerte, qué mala suerte” y el enfermero le contestó “mala suerte ninguna, al contrario, su hijo se ha salvado porque estaba bien colocado en su sillita con el cinturón”. Recuperó la movilidad del brazo a pesar de las primeras impresiones de los médicos. En cambio sí ha sufrido lesiones psicológicas. “Echo en falta que en un primer momento no me atendieran psicológicamente, solo físicamente. Al mandarme a casa tuve pesadillas con animales y atropellos y no he podido volver a conducir por autovía”. Ni siquiera es capaz de controlar el pánico cuando viaja de copiloto.

 

FUENTE: revista.dgt.es